5 de enero de 2014

1957


Puppy Love, 1957
1957, Puppy Love

Año: 1957.
Albert Camus ganaba el premio Nobel de literatura.
Akira Kurosawa nos regalaba su versión de Macbeth.
Jack Kerouac publicaba su libro "En el camino".
 El 1er submarino nuclear, USS Nautilus, igualaba las hazañas descritas por el Nautilus de Verne en 20,000 leguas de viaje submarino.
La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas lanzaba el Sputnik I, y meses después Laika se convertía en el primer perro en ir al espacio.
Pedro Infante falleció al estrellarse su avión

Y mientras todo esto sucedía, yo esperaba a mi chica a la vuelta de su escuela y obvio nada de esto nos interesaba. Lo nuestro era ir por una malteada de fresa al café, encender la rocola y bailar rock & roll al ritmo de Elvis. Nos encontrábamos a mitad del verano y todo estaba perfecto.

Patricia Márquez era la chica de mis sueños; muy inteligente, muy cariñosa y muy linda. Le gustaba casi lo mismo que a mi: El rock & roll, Elvis, Bill Halley, las malteadas, las fiestas, bailar, patinar y lo mejor de todo: Paty me quería como su galán.

Había conseguido que nos invitaran a una fiesta donde tocaría una banda nueva "Los Black Jeans"* en una casa de la colonia Condesa. Esta era una de las pocas bandas que tocaba Rock & Roll en México por esos días. No podía aguantarme las ganas de contarle a Paty lo que haríamos el sábado por la noche. Ustedes no lo saben pero este era el mejor regalo de cumpleaños que podía darle. Ese sábado 27 de Julio a las 9:00 de la noche pasé por ella a su casa en el nuevo Chevy azul y blanco convertible de mi papá. Era la primera vez que me lo prestaba y yo había prometido cuidarlo más que a mi propia vida.

Nos dirigimos hacia la dirección de la fiesta. Paty se veía hermosa. El largo cabello castaño le caía por la espalda en una cola de caballo,  la mirada de ojos color café con que me hechizaba a cada cita y los pequeños labios pintados con carmín, como ella llamaba a su lápiz labial, enmarcaban su tierno rostro. Iba vestida con su blusa de rayas azules y rojas que tanto me gustaba, haciendo juego con una falda ampona del mismo tono de azul. Toda ella era hermosa e irresistible. Realmente me costaba trabajo portarme como un caballero. Esto lo sabía ella, porque en ocasiones simplemente me era imposible ocultarlo. A veces creo que se esforzaba por ponerme en ese estado. Llegamos a la casona en la calle de Colima, obviamente se trataba de una fiesta familiar. Seguramente el cumpleaños de la hermana o prima de uno de los de la banda.

Por aquellos días la juventud en México era muy "fresa" es decir,  fuimos muy tranquilos, no hacíamos grandes desmanes, ni fuimos rebeldes sin causa, como en la película de James Dean. No, eso no se veía en México. A nosotros si nos gustaba ir a la UNAM. Por eso me extraño ver a un grupo de 5 tipos malencarados, aparentemente motociclistas, que claramente no estaban invitados a la fiesta, entrar y hacerse espacio a empujones. Llevábamos bailando varias horas y teníamos pila para varias horas más. Yo bailaba con Paty al ritmo de El tigre, hacía los gestos del felino al darle vueltas por la pista. Y sí, obviamente, me sentía más fuerte que un león. Ni siquiera sabíamos si bailábamos bien, sólo nos divertíamos como nunca.

En uno de los giros felinescos, salí volando contra uno de estos gorilas enchamarrados de cuero negro y estoperoles. Intenté disculparme pero otro de los individuos ya había tomado a Paty por los brazos y la obligaba a darle un beso. Me tomaron por la espalda y me azotaron contra uno de los marcos de la puerta. Me gire medio atontado por el golpe para ver que estaba pasando. Tres de los gorilas estaban parados frente a mi. En menos de lo que pude darme cuenta, estaba empujando gente, cubriéndome de la cabeza de la lluvia de golpes. Solté una patada a la entrepierna de alguien y lo empujé contra otras personas sin darme cuenta si eran los gorilas o no. Me escabullí hacia dónde, según yo, había visto a Paty por ultima vez. La vi forcejeando contra el "motociclista No.2" y lo único que se me ocurrió fue, tomar una botella de una de las mesas y correr hacia él. En mi mente sucedió así:

Tome la botella, corrí hacia el tipo que intentaba pasarse de listo con mi chica, le reventé la botella en la frente. El vándalo caía hacia atrás, inconsciente, con la frente llena de sangre y brandy. En ese momento me giraba y pateaba nuevamente la misma entrepierna que pertenecía a otro de los motociclistas y que venía hacía mi con toda la intención de darme un puñetazo en la cara. El dolor causado era tanto que el tipo perdió la consciencia. Dos fuera, me quedaban tres. Me puse delante de Paty para que esos tipos no pudieran alcanzarla. Tome una silla y la arroje tan fuerte contra uno de ellos que no pudo reaccionar a tiempo para quitarse, lo golpeo en la boca del estómago. Fuera de combate. Los dos restantes me miraron, y algo vieron en mi, que los atemorizo y salieron corriendo del lugar...
Esto fue lo que en realidad pasó.
Tome la botella, corrí hacia el tipo que intentaba pasarse de listo con mi chica, intenté golpearlo en la cabeza con la botella pero el tipo detuvo el golpe, me quitó la botella de mano, y lo último que recuerdo fue que todo lo veía nublado por mi propia sangre, un fuerte dolor en la frente y un intenso aroma a brandy. 
Me despertaron con sales. Paty estaba arrodillada a mi lado colocando una bolsa de hielo sobre mi frente. Me explicaron que después de desmayarme alguien llamó a la policía y los tipos huyeron al escuchar las sirenas. "Al menos me porté como un valiente" pensaba mientras Paty acariciaba mi frente.

- ¡Ah, que tonto eres Mario! Pudieron haberte matado. - dijo Paty con cara  de desaprobación.

Era la hora de llevarla a casa. Le abrí la puerta del convertible, aún mareado. Ya era bastante tarde, pero aún así decidí tomar el camino largo solo para estar con ella unos minutos más. Pasaban de las 2:30 de la mañana y circulaba por Paseo de la  Reforma. Silencio, todas las respuestas las preguntas que le hacía a Paty me lo respondía con silencio. No sabía si estaba molesta conmigo por no haber sido lo suficientemente hábil para pelear o por no haber salido tras ellos al recuperar la consciencia. Me detuve frente al Ángel de la independencia. Paty se soltó a llorar.

-¿Qué te pasa? -
- ¿Cómo que qué me pasa? ¡Te pudieron haber matado Mario! No pensaste ni por un minuto que en pudiste dejarme sola en este mundo. ¡Pensé que te habían matado! ¡Por dos minutos me sentí la mujer más sola de este planeta y por tu culpa! No me dejes Mario. ¡No vuelvas a abandonarme así! Te amo tanto.

Puedo jurar que al momento de tomarla en mis brazos y besarla, el suelo se estremeció tanto que hasta el Ángel se cayó de su pedestal...

Ángel caído 1957

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